Versículos

Juan 15:5-9. Permanecer en Jesús.

Permanecer en Jesús, es algo que muchas veces me ha preocupado, y más cuando eres alguien que por la propia personalidad a lo largo de la vida te ha costado permanecer en las cosas que comenzabas con las mismas ganas del principio.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

El es la vid, nosotros las ramas, y el fruto que demos, dependera de cuan fuerte es nuestra relacion con El.

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.

Conoce a la fuente de nuestra vida y a quien nos sostiene.

Lo cierto es que si estamos intentando permanecer en Jesús y en su camino en nuestra propia fuerza y basados en nuestros deseos de hacer bien las cosas fácilmente nos cansaremos y seguramente tropezaremos.

Pedro amaba a Jesús, y todos recordamos como impulsivamente aquella noche en la que faltaban apenas algunas horas para que Jesús fuera arrestado y crucificado, le dijo al Señor, le expreso al Señor que el iría donde sea por El.

Pero Jesús en su amor y misericordia le dijo, Pedro, esta misma noche me negaras 3 veces.

Jesús conoce nuestras debilidades, y conoce como somos, y aun así nos ama, nos amó antes que nosotros a Él, tanto como el Padre lo ama a Él.

En este pasaje, Jesús hace una comparación muy impresionante, y me gustaría que le prestes toda tu atención.

Comienza diciendo “Yo soy” y es el último Yo soy dicho por Jesús en la tierra y en este caso se compara con la vid.

Él es el tallo, sin tallo, no hay ramas, y sin ramas y tallo, no hay frutos.

Tu fruto no sera por tu trabajo, o por cuanto te esfuerzes, sino por cuan fuerte sea tu comunion con el Señor.

Si tú quieres llevar buenos frutos, sin buscar comunión íntima con el Señor, no podrás sostenerte y tu carne tarde o temprano te jugara una mala pasada, y seguramente terminaras agotado en tu intento de permanecer en el camino del Señor.

Recuerda que solo a través de un encuentro genuino con Jesús, y a través de su Espíritu Santo que podemos permanecer y crecer.

Necesitamos aprender a depender.

Una rama es dependiente del tronco, del tallo, en este caso, nosotros que somos las ramas somos dependientes de la vid que es el Señor.

Si tú no dependes de El no puedes permanecer y sostenerte, y menos llevar fruto.

Los cristianos, aquellos que hemos sido lavados por la sangre de Cristo y redimidos dependemos absolutamente de Él, en cada momento de nuestra vida, y en cada minuto del día.

No te enfoques en el fruto, enfócate en Jesús.

Para Dios es más importante por qué haces las cosas, a cuantas cosas tú haces por amor de su nombre.

Tu puedes ser el mejor cantante, o predicador, pero si no tienes una relación íntima con la fuente, con la vid verdadera, tu no lograras permanecer en El sin terminar agotado, por resistir y no caer.

El amor de Dios no tiene vencimiento.

El amor del Señor, por ti, no termina, así como tú eres, así te ha llamado, y lo único que pide el Señor de ti, es que lo busques y ames, que dependas de Él, y que entiendas que sin El nada puedes hacer.

Solo cuando entendí este concepto en mi vida pude comenzar a transitar una vida cristiana sin pesadez y sin la culpa que me generaba todos los días sentir que no era lo suficientemente buena para Dios.

Pero Dios no mira cuan buenos o malos somos, o cuantas cosas hemos hecho, buenas o malas.

El solo mira cuanto crees en el gran amor que Jesús ha tenido por ti, y lo único que te pide es, créeme  y sígueme.

Jesus no te ha deshechado.

El Señor no te ha desechado, si te has caído, si has tropezado, si tuviste un intento de seguir al Señor y te quedaste por el camino, levántate, porque tu Padre sana tus heridas y te pone en pie nuevamente.

Así como Jesús, luego de resucitado fue por Pedro y sus discípulos, que habían vuelto a la pesca, y fue a esperarlos a la orilla del mar, con aquel desayuno

El puso toda su atención en restaurar y sanar el corazón herido de Pedro y decepcionado de el mismo.

Del mismo modo, no importa cuánto tiempo haya pasado desde que te alejaste, el Señor va por ti.

El cargo esa cruz por ti, te ama como nadie jamas te amo, y esta aqui para limpiarte y fortalecerte.

Y no te digo esto porque es algo que no lo he vivido, sino por el contrario, más de 20 años estuve lejos del Señor, luego de haberlo servido, me incline ante otros dioses, y Dios sabe muy bien por donde camino mi corazón durante todo ese tiempo.

Pero Jesús fue por mí, y cuando eso paso, el velo cayo, el pecado fue perdonado y mi corazón sanado y restaurado.

Conclusion:

Del mismo modo, si tú me estás leyendo hoy, y no estas firme en el camino del Señor, o estas tambaleando, o quizás ya tropezaste y te alejaste, Jesús va por ti.

Porque Él te amo primero, porque su amor nunca deja de ser, y porque lo que comenzó contigo lo terminara, es promesa de Dios para tu vida.

Búscalo, arrodíllate y háblale desde el fondo de tu corazón, porque ahí donde tu estas, Él te oye, y así como estas, Dios te recibe.

Si te has alejado, o si estas débil, o si nunca has hecho esta oración, di conmigo,

“Señor Jesús, gracias por llamarme, perdona mis pecados, recíbeme como tu hijo y ayúdame a permanecer en ti y a conocerte más cada día, en el nombre de Jesús, Amen”.

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