Biblia, Versículos

Efesios 6:12-13. Nuestra verdadera lucha no es contra nuestro hermano.

Nuestra verdadera lucha no es contra nuestro hermano, no es contra quien ves físicamente sino contra quien está detrás de él.

12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

Vistete con la armadura del Señor.

Somos hijos de Dios, y somos soldados de Cristo, estamos en medio de una batalla, que Jesús ya gano para nosotros, tenemos la autoridad para atar y desatar.

La armadura del Señor, es los frutos del Espiritu Santo y la palabra de Dios.

Mateo 6:19 dice, Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

El apóstol Pablo es muy claro cuando nos enseña que nuestra lucha es espiritual, está dejando claro que hay huestes espirituales detrás de esas luchas, o detrás de esos aparentes “enemigos humanos”

Es importante en cualquier circunstancia primero para poder ganar saber cuál es el objetivo, trazar una estrategia y saber quién es el verdadero enemigo, saber contra que y quien estoy peleando.

Muchas veces nos sentimos agredidos, sentimos incluso en el ámbito de nuestra casa que el ambiente se pone tenso y en alguna circunstancia incluso hay división.

No te confundas de enemigo.

Y ese es el momento donde podemos, llevados por nuestra humanidad y propios sentimientos confundirnos y llevarnos a enojarnos con alguien a quien debes amar, pero el conflicto se vuelve tan grande que sientes que ya no es posible restaurar ninguna relación.

Tu lucha no es contra sangre y carne, alimentate de la palabra de Dios para enfrentar a tu verdadero enemigo.

Pero recuerda y analiza esta advertencia que Pablo le hace a la iglesia, recuerda que eres luz en medio de las tinieblas, y que el enemigo no está contento con eso, por lo cual, tomara la boca de quien sea para agredirte.

Y ahí es cuando si estas en comunión con el Espíritu Santo, este te mostrara que es lo que tienes que hacer, nuestra batalla no es una batalla en la que peleamos con palos, golpes o agresiones verbales, nuestra batalla se libra de rodillas.

Es de rodillas delante del trono del modo que le dejas paso a quien pelea por ti, a nuestro Dios, que se levanta y te libra de la mano del cazador.

Y no significa esto, que se levanta para darle un palo a tu “enemigo visible”, sino que su autoridad disipa cualquier tiniebla, y el verdadero enemigo queda descubierto ante Su luz.

Pelea tus batallas de rodillas, el diablo tiembla cuando las doblas porque sabe que su hora llega, sabe que ya Cristo lo venció en la cruz, y todas sus amenazas se van junto con él, cuando un hijo va al Padre y cuando usamos la autoridad que Jesús nos dejó para ponerlo en su lugar.

Toma autoridad en el nombre de Jesús, y vence con el bien, el mal.

Nuestro enemigo es espiritual, por lo cual, no lo vencerás con la carne, lo vencerás en el espíritu.

Te puedes poner a discutir o a pelear con quien quieras, pero nada ganaras, más que quedar agotado y sin fuerzas, pero, más bien, te conviene cerrar tu boca y abrirla ante el trono y luego si, tomar la autoridad para cerrarle la boca a tu verdadero enemigo.

Conclusión:

Nuestra lucha no es contra nuestro hermano, no es con tus hijos o padres o amigos, o compañeros de trabajo, hay huestes espirituales detrás, y no es que veamos demonios en cualquier lugar, no es un capricho nuestro, sino que es una advertencia dada muy claramente por Dios.

Asique si quieres aprender a ser alguien victorioso en todas las áreas de tu vida, aprende a oír la voz de Dios, pídele discernimiento para poder darte cuenta cuando estas frente a una batalla espiritual y pelea la buena batalla.

Somos llamados a ser la voz de Dios, soldados de Cristo, e hijos amados de nuestro Señor, la victoria es nuestra, El ya venció por nosotros en la cruz del calvario, que ventaja saber que la victoria ya fue ganada mientras libramos las batallas.

Dios te ha dado la victoria, levántate en fe, no decaigas, que tu animo no caiga, fortalécete en Dios, que grande, tierno y poderoso es para sostenerte.

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