Biblia, Versículos

Mateo 5:4. Felices los que lloran.

Felices los que lloran,  o lo que es lo mismo, “bienaventurado”.

4 “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”

Seras consolado por el Señor.

Quien puede decir que alguien que llora es feliz? Esa es la pregunta con la que iniciamos este desarrollo y reflexión acerca de este corto versículo.

Uno de los sermones de Jesús más importantes de su ministerio en la tierra, fue el Sermón del Monte sin duda, en el que centro su mensaje en las bienaventuranzas.

Iremos viendo en futuras charlas cada una de ellas, en esta oportunidad observemos esta en particular.

A pesar de que algunos teólogos tienen algunas discusiones acerca de la cantidad de bienaventuranzas dichas por Jesús, la cantidad que la biblia nos registra son ocho.

Y cada una de ellas confronta los estados de ánimo y nos describen al discípulo que Dios quiere que seamos y la promesa que hay para cada uno que pasa por lo descrito en ellas.

Lo que Jesús nos está diciendo es que en medio de nuestro llanto, recibiremos consuelo.

No somos huérfanos, somos hijos, El abrió el camino al Padre y a la salvación y para aquellos que lloramos delante de su presencia nuestro Padre nos da consuelo.

Jesús lloro, en varias oportunidades, lloro ante la tumba de Lázaro por ejemplo, sintió dolor por quien amaba, a pesar que en su mano estaba traerlo de la muerte, aun así le dolió ver el dolor de María y Marta.

También lloro en el Getsemaní, y recibió consuelo de parte del Padre, dice que un ángel descendió a fortalecerle y consolarle.

Del mismo modo aquellos que quebrantamos nuestro corazón en su presencia, somos consolados, y renovados.

El esta cerca, al alcance de tu mano, búscalo.

Esta es una promesa que no puedes olvidar, tú eres un hijo, una hija del Dios altísimo, y cuando llores tienes a alguien que secara tus lágrimas.

Ni un cabello se cae de nuestra cabeza dice su palabra, sin que Él lo sepa.

El cambiara nuestro llanto en gozo, y aun en medio de la más profunda tristeza, Él nos levanta y nos muestra el camino.

Tu problema o tu angustia, no es tu fin, es tu proceso.

Ahí donde tu estas, es el lugar en donde Dios se glorificara.

Cuando aceptamos a Jesús pasamos de muerte a vida, y lo que antes sufríamos en soledad ha cambiado.

El Espíritu Santo es el que te guiara, te hablara y dará consuelo en momentos de angustia.

No le preguntes porque, pregúntale “que quieres enseñarme en medio de esto?”

Glorifica a Dios en medio del llanto, no hay nada que confunda más al enemigo, que un creyente que en medio del dolor, da gracias. Tú despistas a tu enemigo cuando haces eso.

Porque en el mundo las cosas son de una manera, pero en Cristo son totalmente opuestas.

El que llora, será consolado y será bienaventurado o feliz.

El que muere a sus propios deseos para nacer y vivir en Cristo a una nueva vida es renovado.

Lo que veas que el mundo hace en determinada circunstancia, es exactamente lo que no debes hacer.

Conclusion:

Cuando llores, da gracias, cuando pases por la tormenta, declara que hay paz, cuando pienses que no hay nada más que hacer, declara que tu Padre lo puede hacer todo.

Bienaventurado y feliz eres cuando llores, porque serás consolado.

No en algunas circunstancias, sino en todas.

El Salmo 16:11 dice “Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo”

Alaba a Dios en medio del llanto y confundirás al enemigo, y la victoria será tuya.Hay consuelo para ti en El.

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