Biblia, Versículos

Salmos 51:1-5 La misericordia de Dios

La Misericordia de Dios en este Salmo de David

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.

Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.

Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.

Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenidopor puro en tu juicio”.

Dios entreno a David mientras pastoreaba ovejas

David era un hombre de Dios, de niño había sido formado por El, mientras cuidaba las ovejas de su padre, Dios lo había entrenado.

Se había convertido en un guerrero y luego en el segundo rey de Israel, era músico y amaba cantar y adorar a Dios, pero, era humano y como humano, tenía debilidades.

Algunas personas podrían creer que David no podría haber pecado así, pero, se la biblia nos cuenta que en cierta ocasión vio a una mujer hermosa bañándose, la deseo y se acostó con ella.

No conforme con eso, él sabe que esta mujer es casada, por lo cual utilizando sus influencias, manda al esposo al frente de batalla y muere, o sea, tenía todo planeado para poder quedarse con aquella mujer.

Dios es misericordioso.

Hasta que el arrepentimiento llego, David sabía que Dios es grande en misericordia.

Este salmo lo compone en medio de su sincero pedido de misericordia de Dios para su vida y la de su familia.

El pecado nos aleja de Dios, y hace que perdamos bendiciones que Él tiene para nuestras vidas, pero cuando nosotros pecamos no las alcanzamos o abrimos puertas para que las cosas vayan mal.

David sabía esto, y cuando cae en sí mismo, acerca de su pecado, compone este salmo que es un cantico de arrepentimiento y reconocimiento de pecado.

Es que reconocer es el primer paso para poder llegar al perdón.

Dios es movido a misericordia cuando nos presentamos delante de Él reconociendo nuestras faltas, sin justificarnos y cuando reconocemos que solo Él puede limpiarnos y rescatarnos.

No hay pecado que Dios no pueda perdonar, y no importa lo sucio que puedas sentirte o lo terrible que puedas haber hecho, si te acercas con verdadero corazón arrepentido, Él no te rechazara, la misericordia de Dios es grande.

Acercate a su misericordia.

El pecado de David también fue grande, aunque no podemos medir el pecado, pecado es pecado siempre, grande o pequeño, pero, a veces tendemos a creer y el enemigo nos convence que lo que hemos hecho es demasiado grave como para recibir misericordia o perdón.

Y si eso tienes en tu cabeza, Dios te dice, “Yo quiero y puedo perdonarte” no importa lo que hayas hecho.

La misericordia de Dios es grande y no hay nada que tú puedas hacer, que genere que Él te amé menos.

Quien podría haber pensado que un hombre como David podría haber hecho semejante cosa?

El que mato un gigante con una honda confiado en que Dios estaba con El, el que tocaba su música y el rey endemoniado se calmaba, el que servía a Dios con amor desde siempre.

Conclusión:

Es que todos luchamos cada día de nuestra vida contra el pecado, y Dios lo sabe.

Por eso Jesús vino, a vencer el pecado por nosotros. Tenemos un modelo a seguir.

Todos luchamos, y si caemos, Dios nos levanta si realmente hay arrepentimiento en tu corazón.

No olvides que Dios ve tu corazón y su palabra dice que El pesa los corazones, en otras palabras, reconoce perfectamente a alguien que se arrepiente con sinceridad y lucha para no caer, y reconoce a quien peca indiscriminadamente.

Si nos acercamos a Él como David lo hizo, arrepentidos, no hay pecado que Dios no pueda perdonar por terrible que sea.

Reconócelo en todos tus caminos, confiésale tu pecado y tus luchas y en medio de tu debilidad deja que Él sea tu fortaleza.

La misericordia de Dios te abraza hoy.

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