Mandamientos

Los 10 mandamientos: porqué Dios los escribió

Los 10 mandamientos (o Decálogo) son mandatos morales escritos en tablas de piedra. Formaron parte de la ley que recibió Moisés en el Monte Sinaí. Su autor es Dios y fueron registrados por Moisés en el libro Éxodo de la Biblia.

Los 10 mandamientos expresan la ley moral natural. El conocimiento de esta ley se ha visto empañado y oscurecido por el pecado original y por los sucesivos pecados personales. Los Mandamientos establecen lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer. Pero no se trata de prohibiciones de libertad, sino que es una senda que nos muestra el camino del bien, el camino moral y espiritual de perfección. Son faros de luces que nos llevan por el camino del bien liberándonos de los pecados.

Los mandamientos fueron escritos por Dios para ayudarnos a resolver nuestros problemas, a identificarlos y a poder subsanarlos. Los problemas son los pecados. El pecado se entiende como un alejamiento de los propósitos que Dios tiene para nosotros. La ley no soluciona nuestros problemas, los revela de forma más clara para que aceptemos el remedio que Dios nos provee. Los mandamientos nos permiten vernos a nosotros y a nuestras fallas con más claridad.

Según el versículo 24:7 del libro Éxodo, Moisés leyó los mandamientos al pueblo y eel pueblo afirmó: "Acataremos todo lo que el Señor ha dicho y lo obedeceremos"

Los 10 mandamientos muestran el camino de una vida liberada de la esclavitud del pecado. Los tres primeros revelan el amor a Dios y el resto el amor al prójimo.

Los 10 mandamientos son:

1) El Primer Mandamiento es: Amarás a Dios por sobre todas las cosas. No tendrás otros dioses fuera de mí.

No te harás escultura, ni imagen, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas, ni las honrarás, porque yo soy el Señor tu Dios, fuerte y celoso.

Es el primer y mayor mandamiento. Amarás a Dios Señor con toda tu alma y tu corazón. Amar a Dios significa elegirlo siempre como fin último de todos nuestros actos. Actuar siempre en su gloria. No habrá un fin superior a éste. No habrá ningún amor superior al amor por Dios. Ni por tus padres ni por tus hijos. No habrá nunca otro amor que pueda postergar el amor por Dios. Quien ame a otra persona más que a Dios, no será digno de él.

Esto es sólo devolver su amor para con nosotros. Él nos amó primero, nos creó. Rechazar su amor es un pecado. Él nos amo y envió a su hijo para salvarnos. Es por eso que debemos entregar toda nuestra alma y nuestra vida a él.

Con la oración, nos acercamos a él y alimentamos y sostenemos ese amor. La oración puede darse de diferentes formas: la adoración es una. Adoramos a Dios y lo reconocemos como nuestro creador. La oración es un acto de sincera adoración a Dios. La otra forma es la acción de dar gracias. Agradecer a Dios por todo lo que somos y por todo lo que tenemos. Todo es gracias a él. La tercera forma de oración es la petición. Petición como hijo a nuestro padre, que nos perdone nuestros pecados y nos ayude en nuestras vidas.

2) El Segundo Mandamiento es: No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios, porque yo, el Señor, no consideraré inocente al que tome en vano mi nombre.

Este mandamiento llama a honrar el nombre de Dios. Sólo se deberá pronunciar su nombre para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo. El nombre de Dios no debemos entenderlo como el nombre de una persona. Dios no puede ser abarcado por los términos humanos ni existe un nombre en realidad que pueda abarcar la esencia divina. Dios es superior, trascendente, por encima de toda la humanidad. A pesar de esto, para que podamos nombrarlo e invocarlo, él se manifiesta en el Antiguo Testamento bajo diferentes nombres.

¿Cómo honramos el nombre de Dios? En el Padrenuestro rezamos "Santificado sea tu nombre". Santificar a Dios es reconocerlo como santo, tratar su nombre de manera santa. Es lo que hacemos cuando adoramos o alabamos a Dios. Al decir "Santificado sea tu nombre" pedimos que su nombre sea santificado a través de nosotros, que nosotros y los demás lo glorifiquemos.

El segundo mandamiento prohíbe también todo uso inconveniente del nombre de Dios y la blasfemia. Blasfemar es un grave pecado. Significa proferir contra Dios palabras de odio o reproche.

3) El Tercer Mandamiento: santificarás las fiestas. Te acordarás del día de reposo y lo santificarás. Durante seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el día séptimo es de reposo en honor del Señor tu Dios. No harás en él ningún trabajo. Ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que viva dentro de tus ciudades. Porque yo, el Señor, hice en seis días los cielos, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero reposé en el día séptimo. Por eso yo, el Señor, bendije el día de reposo y lo santifiqué.

La Biblia narra toda la obra de creación de Dios. Así como él trabajo seis días y descansó el séptimo, el hombre también debe hacerlo, para dedicar ese día al descanso y al culto divino. El domingo y las demás fiestas, los fieles tienen la obligación de participar en la Santa Misa. Las otras fiestas son la Navidad, Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo y, finalmente, Todos los Santos.

Los fieles que faltan deliberadamente a estos preceptos cometen un pecado grave. Sólo estarán excusados por una razón grave como enfermedad o cuidado de niños pequeños.

Asimismo, en los días de fiestas, los fieles deben guardarse de trabajar o de realizar cualquier actividad que impida disfrutar del día de Dios, del culto y del descanso.

4) El Cuarto Mandamiento es: Honrarás a tu padre y a tu madre, para que tu vida se alargue en la tierra que yo, el Señor tu Dios, te doy.

El cuarto Mandamiento se refiere específicamente a la relación de los hijos con sus padres. Se extiende también a las relaciones con otros miembros de la familia e incluso a la relación entre alumnos y maestros.

Dios creó a la familia como institución principal y este mandamiento habla de las relaciones en el seno de la familia, la célula original de la vida social. La Sagrada Familia es el modelo de la familia, como modelo de amor, de autoridad, servicio y obediencia. Un buen cristiano debe honrar a sus padres procurando darles alegrías, rezando por ellos y correspondiendo a los sacrificios que ellos hacen por sus hijos. Es la gratitud y el respeto hacia aquellos que nos han traído a la vida. Agradecer a la madre por sus dolores y al padre por sus sacrificios para hacernos crecer en edad y sabiduría. No olvidar que por ellos hemos nacido y agradecer con docilidad y obediencia.

El cuarto mandamiento también obliga a los hijos mayores a cuidar de sus padres en la vejez, en lo material y en lo moral.

5) El Quinto Mandamiento es: No matarás. La vida es sagrada porque es creación de nuestro Señor y debe ser preservada. Nadie, bajo ninguna circunstancia, debe atribuirse el derecho de matar a un ser humano inocente.

6) El Sexto Mandamiento es: No cometerás actos impuros. No cometerás adulterio.

Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. Dios es amor y el amor es fecundo y de esta fecundidad debe participar la criatura humana. La sexualidad humana es distinta a la animal y afecta al núcleo íntimo de la persona. El sexo es una dádiva divina, un específico acto de amor para generar nuevas personas. Para Dios, la castidad es una virtud que hace posible el amor en la corporeidad y a través de ella. Permite amar a Dios y a los demás seres humanos. A la castidad se opone el pecado de la lujuria, que es buscar el placer en sí mismo, separado del fin de la procreación y de la unión. La lujuria ciega nuestro fin, debilita nuestra voluntad y nos aparta del amor a Dios. La masturbación, la fornicación y el adulterio también son actos desordenados a los ojos de Dios. Asimismo, la pornografía y la violación.

7) El Séptimo Mandamiento es: No robarás.

Este mandamiento se refiere a no dañar a los demás en sus bienes. No se puede tomar o retener lo que es del prójimo injustamente. Se refiere a los bienes terrenos y los productos del trabajo de los hombres. Defiende el derecho de la propiedad privada.

Dios confió a la humanidad la tierra y sus recursos para que estos pudieran alimentarse de ellos. La apropiación de los bienes es legítima para autoabastecerse a uno y a sus seres queridos. El respeto a la propiedad privada es fundamental para el ordenamiento de la sociedad. Sin embargo, al administrar los bienes para su consumo, el fiel debe practicar las vitudes de la solidaridad, la templanza para moderar el apego a los bienes materiales y la justicia para respetar al prójimo. No se debe aferrar a los bienes materiales sino contentarse con lo necesario para vivir sobriamente.

Dentro de este marco, es un pecado tomar o retener injustamente lo ajeno o causar algún daño a los bienes ajenos. Así, el séptimo mandamiento prohibe la rapiña, el robo, la usura, la especulación, el fraude, el despilfarro y la falsificación.

8) El Octavo Mandamiento es: No presentarás falso testimonio contra tu prójimo ni mentirás. Este mandamiento prohíbe faltar a la verdad en las relaciones con el prójimo, ya sea con acciones o con palabras. Decir la vedad y ser sinceros es una virtud. Debemos practicar la sinceridad, primero con nosotros mismos. Ser sinceros con nuestros actos, nuestras conductas y nuestros pensamientos. Nunca cerrar los ojos a nuestras verdades.

Debemos ser sinceros con los demás, respetando la palabra, las promesas y los contratos. Debemos también ser sinceros y veraces con Dios. Aunque Dios lo vea todo, hay que manifestarle nuestras verdades. El sacramento de la confesión es una herramienta esencial en nuestro camino de crecimiento. Dios nunca se cansa y siempre perdona cuando volvemos a él arrepentidos.

La mentira y el falso testimonio es repudiado por Dios. De igual manera, la difamación y el juicio temerario. Esto es cuando juzgamos algo sin tener las debidas pruebas. Siempre que se haya difamado a alguien, deben ponerse todos los medios al alcance para devolver la fama injusta al prójimo.

9) El Noveno Mandamiento es: No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

10) El último y Décimo Mandamiento es: No codiciarás los bienes ajenos. No codiciarás la casa de tu prójimo, ni a su mujer, ni a su siervo ni a su esclava, ni su buey ni su asno, ni nada que le pertenezca a tu prójimo.

Los últimos dos Mandamientos se refieren a los pecados contra el sexto y séptimo mandamiento, que son llamados pecados internos. Se refieren a vivir en la pureza y al desprendimiento de los bienes materiales, los deseos y los pensamientos impuros. Las acciones buenas o malas del hombre salen de su corazón, de lo que el hombre elige o no hacer. Esto se refiere a la voluntad del hombre que decide cometer adulterio, robar o matar. Es su determinación de hacerlo, alejándose de la voluntad de Dios.

Uno de los pecados internos son los malos pensamientos a que se refiere el noveno mandamiento. Es imaginarse un acto pecaminoso y es pecado grave deleitarse con ese pensamiento.

El mal deseo o deseo impuro es otro pecado interno. Es el deseo de realizar un acto pecaminoso. El gozo pecaminoso es complacernos en una acción mala realizada por nosotros o por los demás.

Aunque los pecados internos suelen tener menor gravedad que los externos, se cometen más fácil y frecuentemente. También son muy peligrosos y pueden deformar la conciencia. Para luchar contra estos pecados internos nos ayudan los sacramentos, la oración, el trabajo, la humildad y la sinceridad con Dios.

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