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Juan 18:10-11 “Guarda tu espada”

10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. 

11 Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” 

Hemos hablado en una charla anterior del momento que Jesús vive en Getsemaní, mientras ora a su Padre angustiado, pero aceptando la voluntad de Dios, es este uno de los momentos más fuertes, ya que vemos a Jesús en un momento de angustia como nunca antes.

Algunos de sus discípulos se encuentran ahí con El, incluido Pedro, y este pasaje nos describe el momento del arresto de Jesús y como Pedro desenvaina una espada y le corta la oreja a Malco, siervo del sumo sacerdote Caifás.

No sabemos cómo Pedro tenía una espada, pero ahí estaba, dispuesto a defender a su Señor con todas sus fuerzas, hiriendo a Malco. 

Para su sorpresa, Jesús, en un tono hasta severo le dice “guarda tu espada”.

Juan 18:10-11 “Guarda tu espada”

Jesús sabe que esto es lo que debe hacer, y que todo lo que está ocurriendo es por lo cual dejo su trono, descendió y se hizo uno de nosotros, para hacer la voluntad de su Padre a pesar de lo que tuviera que padecer.

En el evangelio de Lucas en el capítulo 22:51, se nos cuenta que Jesús tocando la oreja de Malco, le sano, tal era la misericordia del Señor.

Llama la atención que la biblia no hace alusión nunca más a Malco, a pesar de que Jesús lo sano y fue su ultimo milagro antes de la crucifixión, algunos teólogos opinan que la razón es que Malco jamás se convirtió.

Hay personas que pueden recibir milagros del Señor y aun así permanecer en su dureza y no rendirse nunca ante sus pies.

La orden de Jesús hacia Pedro fue en otras palabras, “quédate quieto, todo esto pasa porque yo dejo que pase y obedezco a quien me envió”

Mateo 26:53 dice “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?”

Entonces Pedro soltando la espada comprendió, y los soldados cayeron sobre Jesús.

Ese Jesús que con tan solo una palabra se podría librar de la cruz, y con solo un pedido a su padre doce legiones de ángeles arrasaría con todos ellos.

Pero no abrió su boca, Isaías 53:7 nos dice Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca”.

Puedo imaginar lo que sintió Pedro en ese momento, el realmente amaba a Jesús.

Sería bueno que tú pienses en este momento que Jesús podría haberse librado fácilmente de todo lo que padeció, pero por el contrario, decidió entregar su vida por nosotros. 

A Jesús nadie le quito la vida, El la entrega. 

San Juan 10:18 dice Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar”.

Él fue de modo voluntario a la cruz, a pagar el precio por ti, sin poner resistencia.

Le costaste mucho a Jesús, el compro tu vida con su sangre, te limpio y te dio redención.

Alguna vez oí algo que me gustó mucho y te lo comparto, cuando un hombre compraba un esclavo en esa época lo hacía y esa persona pasaba a ser propiedad de su dueño, pero Jesús te compro para ponerte en libertad.

La pregunta es, has visto alguna vez amor más grande que ese?

Ese es el Dios que hoy te llama, y te espera.

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