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Jeremías 1:4-10 Dios te conoce desde antes de nacer.

Dios te conoce desde antes de nacer, cuando llegaste al mundo, Él te vio nacer y ya tenía planes contigo, y nada de lo que has vivido ha sido ignorado por El, todo lo sabe y te conoce mejor que nadie.

Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:

Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

Y yo dije: !!Ah! !!ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.

Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.

No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.

Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.

10 Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.

El día que naciste, el estaba allí.

Antes de la fundación del mundo y antes que tu nacieras, Dios ya te conocía, de hecho tu nacimiento y el mío no es una casualidad, hace poco recuerdo haber oído a mi madre hablando acerca de cuándo yo nací, comento que cuando supo que era una niña, su corazón se alegró.

Dios te conoce desde antes de nacer.

Inmediatamente de ese comentario, el Espíritu Santo hablo a mi corazón, y me dijo, “yo también estaba allí el día que naciste y también me alegre” y de ahí nacio este articulo ya que cuando tu naciste, no fue un hecho ajeno a nuestro Señor, sino que El estaba allí, alegrándose por tu nacimiento y te ha acompañado a lo largo de tu vida, y ha visto lo bueno y lo malo que has vivido.

Es que podemos en algún momento por circunstancias tristes de la vida, creer que Dios no vio algunas cosas que nos ha tocado vivir, pero lo cierto es que si vio, y si estuvo.

El no es ajeno a tus dolores, o a tus tristezas, y sin que tu lo supieras, ha guardado tu vida, y no te ha soltado, es como un padre llevando de la mano a su niño, El te ha sostenido hasta el dia de hoy.

Ese simple y sencillo comentario de mi madre, recordando el día de mi nacimiento, me llevo a oír la voz de Dios, y a entender que si Dios había estado en esa sala de parto, y oyó mi primer llanto, como no iba El a estar en todos mis momentos?

Del mismo modo, Dios ha estado y está en todos tus momentos, es que Él es omnipresente, te ha visto dar tus primeros pasos, tus primeras palabras, tus primeras lágrimas, y ve las de hoy también, te ha visto crecer, porque te ha visto desde antes que fueras un embrión.

Dios pone sus palabras en tu boca si dejas que use tu vida para bendecir a otros.

El profeta Jeremías, uno de los profetas mayores de la biblia, nos relata, como fue su llamamiento, y Jeremías le contesta lo que muchos de nosotros hemos respondido muchas veces, “yo no sé cómo hacerlo”, o “no sé qué decir”, pero el Señor es tan claro en este llamado, y así como llamo al profeta Jeremías, te llama hoy a ti.

Y te dice, que Él te ha conocido, santificado, El toca tu boca y pone sus palabras en ella. No importa lo que el mundo diga de ti, no importan tus títulos o tus bienes, si tienes o no o si sabes o no, la obra es de El, si estas revestido del poder y del amor de Dios, Él te dice, “no temas”.

Como Padre, aún sin que lo supieras ha guardado tu vida.

Dios ha prometido, que nos pone por encima de naciones y reinos, y si entendemos bien esta promesa, lo que nos dice es que nada de lo que venga a nuestra vida, será lo suficientemente poderoso para derribarnos, porque a través de su palabra nos ha dado la potestad de plantar y arrancar lo que no sirve y vencer.

Pídele a Dios que toque tu boca y que su palabra salga de ella para bendición de muchos.

Para esto naciste, para esto nací, Dios nos conoce, El conoció a mi madre, y aun sin que quizá ella lo supiera, la acompaño y decidió quienes serían sus hijos y los ha visto crecer.

Él te conoce a ti, a tu familia, y te ha puesto para ser luz y para llevar libertad a los cautivos, abre tu boca y no temas porque todo lo que venga a tu vida no se escapa de su control.

El está con nosotros como poderoso gigante para librarnos de todo mal, confía en El, confía en aquel que te saco de tinieblas a luz.

Conclusión:

Confía en aquel, que sin que tú supieras, ha estado a tu lado cada día de tu vida, y que hoy te dice, te he llamado, te he escogido, mío eres tú y nada de lo que hagas podrá revocar ese llamado jamás.

Porque los llamados de Dios son irrevocables, aunque el enemigo quiera convencerte que has hecho mal las cosas, que has usado la vida para vivir fuera de la palabra, si conviertes tu corazón al Señor, EL te levantara, no hay nada que se pueda interponer cuando un hijo es llamado  por el padre.

Oye la voz de Dios y cree a su palabra, porque tú eres instrumento en las manos de Dios para llevar su palabra y ser luz en medio de las tinieblas.

Límpiate el polvo, pídele perdón y ponte a cuenta con el Señor, y El cumplirá sus planes para tu vida.

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